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Elena de Carandini Raventós

Elena de Carandini Raventós

"Me gustaría que fuera algo así: "Cuidó lo recibido y lo convirtió en belleza, sentido y futuro para otros.”"

Generosidad | Visión | Ejecución | Legado

Hay personas que te enamoran en el primer encuentro y que, definitivamente, no te dejan indiferente. Elena de Carandini es una de ellas. Conocerla es asomarse a una combinación fascinante de visión periférica, capacidad arrolladora y una generosidad profunda que lo inunda todo. Es de las personas que no esperan a que las cosas pasen, sino que hace que pasen, guiada siempre por una mente brillante que camina con la excelencia por bandera y una humildad que desarma. Tiene un talento enorme para ver mucho más allá de lo evidente, pero con los pies firmemente enraizados en la realidad de los suyos. Su mente no descansa, pero lo más bonito de Elena es el filtro humano a través del cual procesa cada una de sus ideas: la comunidad y el legado. Para ella, una visión no tiene valor si se queda en el aire; necesita ser ejecutada y construida en colaboración. No entiende la acción individual. Lo primero que se pregunta ante cualquier iniciativa es cómo puede impactar positivamente en aquellos que la rodean. Absolutamente ninguna de sus acciones queda sin impacto a su alrededor; todo lo que toca se transforma en valor y en eco para su entorno. Elena es el motor que activa los cambios verdaderos: esos que se construyen uniendo voluntades, tejiendo puentes donde otros ven abismos y empujando siempre hacia adelante. Lidera desde esa acción constante que arrastra y contagia, demostrando que el impacto real no hace ruido, sino que se demuestra en el valor que dejas en la vida de las personas.

1. ¿Cómo te defines cuando nadie te mira?

Me defino como una persona contemplativa y curiosa, que necesita belleza, silencio y sentido para estar bien. Cuando nadie me mira..., leo, subrayo, escribo, investigo, miro por la ventana los árboles, pienso en las personas que quiero y busco comprender qué hay detrás de las cosas. Me conmueven los gestos pequeños: una carta, una disculpa sincera, una nota escrita a mano, una canción, una mesa bien puesta, un rayo de sol frío por la mañana. Creo que mi forma natural de estar en el mundo es observar, cuidar, conectar ideas y devolverles significado. Cuando nadie me mira soy más sencilla de lo que parezco: necesito paz, familia, amigos en los que confié, libros, música, naturaleza y tiempo para crear.

2. Cuando piensas en tu talento, en aquello que aportas más allá del rol, en lo que te hace único/a, ¿qué dirías que es?

Creo que mi talento es mirar con profundidad y encontrar sentido, en lugar de ver cosas sueltas. Una persona, una historia familiar, un archivo, una finca, un paisaje, una conversación o un proyecto que pueden parecer aislados, enseguida tiendo a ver el hilo invisible que los une. Lo hago igual con mis proyectos, parecen diversos pero todo está ligado con un hilo invisible que le da sentido a todo. Me gusta interpretar, conectar y devolver belleza y significado. Creo que aporto una mirada que mezcla memoria, intuición, sensibilidad y futuro. Veo posibilidades, detecto personas buenas, intuyo dónde hay alma y me gusta activar aquello que puede mejorar la vida de otros. Quizá mi talento oculto es custodiar: cuidar lo recibido, un edificio histórico, un archivo familiar, un legado..., comprenderlo y darle una forma nueva para que siga vivo.

3. ¿Qué valores rigen tu vida y cómo se manifiestan en tu día a día?

Los valores que rigen mi vida son la bondad, la amabilidad, la belleza, la gratitud, la familia, la curiosidad, la libertad interior y el cuidado de lo recibido. Intento manifestarlos en mi día a día: en un desayuno puesto con cariño, en una carta escrita a mano, en escuchar conscientemente a alguien, en rodearme de maravillosos libros, música y Naturaleza, en cuidar los detalles, en ser agradecido, en disculparse rápido y en enseñar a mis hijas que el don de la alta sensibilidad, es una fuerza que hay que cuidar, con sus descansos y recuperación de energía en lugares que te la aporten. También me guía mucho la idea de custodia: no somos propietarios absolutos de lo que recibimos: una casa histórica, una tierra, una historia, una familia, un paisaje... sino responsables temporales de cuidarlo, mejorarlo y transmitirlo, como el legado que recibe cada generación. Por eso intento vivir y trabajar pensando en los próximos 100 años, 4 generaciones. Eso me da mucha perspectiva y criterio para seleccionar mejor mis proyectos. En mi día a día, eso se traduce en buscar paz, crear belleza, ayudar cuando puedo, aprender constantemente y elegir proyectos que tengan alma y puedan dejar una huella positiva.

4. ¿Qué buscas en lo que haces, profesional o personalmente?

Busco sentido. Busco que lo que hago, profesional o personalmente, tenga alma, belleza y utilidad para alguien. Me cuesta dedicar energía a cosas que son solo trámite, apariencia o ruido. Necesito sentir que aquello en lo que me implico ayuda a cuidar, transformar o transmitir algo valioso. Personalmente, busco paz, familia, amor, naturaleza, conversación, música, libros y tiempo para crear. Profesionalmente, busco levantar proyectos que unan personas buenas, territorio, cultura y futuro. Me gusta que las cosas que hago puedan mejorar la vida de alguien, aunque sea de forma pequeña: dar esperanza, abrir una puerta, crear un encuentro, escribir una idea, cuidar un lugar o activar una posibilidad. En el fondo, creo que busco dejar las cosas un poco más bellas, más ordenadas y más vivas de como las encontré.

5. ¿Qué te enamora, te mueve, te emociona?

Me enamora la bondad. Me mueve ver esperanza en los ojos de las personas. Me emocionan las cosas sencillas y verdaderas: una canción, el cello o el oboe, mis hijas tocando el piano o escribiendo las cartas que me dedican, un abrazo de mi marido, una biblioteca de madera, un jardín en armonía, Raimat al atardecer, las cigüeñas sobre los abetos, el mar antes de una tormenta. También me emociona descubrir talento en alguien, ver que una persona mejora o encuentra su lugar. Me conmueven las cosas con alma: las casas vividas, los objetos con historia, la música que toca algo profundo y los proyectos que hacen bien a los demás.

6. ¿Qué detestas profundamente?

No puedo con la mala educación, la vulgaridad gratuita y la falta de sensibilidad. Me cuesta mucho la gente que no escucha, que atropella, que humilla o que hace sentir pequeño a otro. Me molesta el ruido innecesario, el caos, la burocracia absurda y las cosas hechas sin alma. Me agota lo que es solo apariencia, trámite o poder vacío. Y, sobre todo, me duele la injusticia: ver a alguien bueno sin oportunidad, a una persona vulnerable maltratada o a un talento apagado por falta de confianza.

7. ¿Qué ocurre cuando las personas te ven de verdad?

Creo que quien me ve de verdad descubre que detrás de la energía, las ideas y los proyectos hay una persona muy sensible, muy curiosa, muy familiar, que necesita belleza, silencio, armonía y sentido para estar bien. Cuando alguien ve eso sin juzgarlo, me da mucha confianza. Y entonces aparece mi mejor parte: la que escucha, crea, cuida, conecta y se atreve a imaginar cosas nuevas.

8. ¿En qué tipo de decisiones te gusta estar implicada?

Me gusta estar en las decisiones que tienen que ver con el sentido, la visión, las personas y el legado. En las decisiones que marcan el alma de un proyecto: hacia dónde vamos, por qué lo hacemos, qué queremos custodiar, a quién queremos convocar y qué queremos dejar. Disfruto cuando hay que imaginar algo nuevo, leer lo que viene de lejos y darle una forma viva para el futuro. Me gusta decidir qué merece permanecer, qué historia hay que contar, qué talento conviene activar y cómo convertir una intuición en algo que pueda durar. En cambio, me cuesta estar demasiado tiempo en decisiones puramente operativas, repetitivas o burocráticas. Ahí prefiero confiar en personas muy buenas que ejecuten mejor que yo. Mi lugar está más en ver el horizonte, formular el criterio, cuidar el legado y activar a los demás.

9. ¿Qué tipo de conversaciones crees que faltan hoy en las empresas?

Creo que faltan conversaciones de largo plazo, sobre legado, sobre qué queremos custodiar y qué queremos transmitir. Como parte de la 16ª generación de una familia empresaria, siento que una empresa es una cadena de decisiones, valores, personas, errores, aprendizajes y responsabilidades que vienen de lejos y que deben seguir vivas de alguna forma en el futuro. En las empresas se tendría que hablar más de propósito real, de cultura, de sucesión, de familia, de territorio, de cómo tratamos a las personas, de qué huella dejamos y de qué merece permanecer cuando nosotros ya no estemos.

10. ¿Qué cosa valiosa aprendiste de un fracaso?

Un fracaso me enseñó a distinguir entre lo que debo fundar y lo que debo ejecutar. Mi energía está en ver el sentido, abrir camino, convocar a personas buenas y cuidar el alma de un proyecto, pero si intento hacerlo todo, el proyecto se debilita y yo también.

11. ¿Cómo sabes que has aportado valor a un proyecto o a una relación profesional?

Sé que he aportado valor cuando una persona o un proyecto salen con más claridad, confianza y dirección. Cuando pongo palabras a algo que estaba intuido, conecto personas buenas, ayudo a ver el sentido de una idea o de un legado, y alguien se siente visto, activado o con más esperanza.

12. Si tuvieras que elegir una frase célebre que te represente, ¿cuál sería?

So what? move on! Dr. Valentin Fuster

13. ¿Qué te gustaría explorar o construir en esta etapa de tu vida?

Me gustaría construir una etapa con más tiempo para leer, escribir, investigar, pintar y crear proyectos con alma. Quiero dedicar mi energía a lo que mejor puedo aportar: custodiar, inspirar, conectar personas buenas y dar forma a ideas que merecen permanecer.

14. Si pudieras escribir una frase que alguien recordara sobre ti dentro de 10 años, ¿cuál sería?

Me gustaría que fuera algo así: "Cuidó lo recibido y lo convirtió en belleza, sentido y futuro para otros.”